Atención Plena, Meditación, Mindfulness

¡Cómo nos gusta a los seres humanos complicar lo sencillo!

¡Cómo nos gusta en occidente “descubrir” y ponerle derechos de autor a lo que se ha practicado durante miles de años!

¡Y qué gusto tenemos en España por decir en inglés lo que tiene una perfecta traducción al español!

Si llevas poco tiempo adentrándote en este mundillo y te sientes un poco perdido por las palabras y los conceptos, permíteme que comparta contigo algunas reflexiones.

Antes de nada, hazte un regalo, empieza por la sencilla experiencia de sentarte un minuto en silencio. Al principio suele resultar imposible. Tu boca se calla, sí. Y pronto te haces consciente del montón de pensamientos que circulan por tu mente en apenas 60 segundos.

Escoge ahora cualquier actividad cotidiana. ¿Lavarte los dientes, por ejemplo? ¿Cuánto tiempo de atención plena dedicas a lavarte los dientes y cuánto tiempo pasas, mientras tanto, recordando la última conversación o planificando qué te vas a poner luego? ¿Cuánto tiempo eres consciente de la presión del cepillo, de las sensaciones en la encía, del sabor y olor de la pasta, y cuánto vagas a la deriva?

Desde hace miles de años (unos 5000 con certeza, y probablemente más en China y la India) algunos seres humanos se han ido dando cuenta de este hecho. Nuestro mental, en algún punto de nuestro crecimiento, deja de ser una herramienta fantástica de supervivencia que utilizamos según convenga para convertirse en un ruido permanente, que nos aleja de la realidad, nos llena de confusión, nos genera emociones descontroladas y nos termina provocando enfermedades físicas. La herramienta se convierte en el amo.

La meditación es, en primera instancia, la técnica (¿más acertado llamarlo arte?) de acallar la mente para silenciar la interminable charla de “pensamientos basura” que normalmente nos ensordece. La persona que medita se convierte, primero, en observadora de lo que viene, después va poniendo distancia con sus pensamientos y emociones, y termina fundiéndose en un estado imposible de describir de “consciencia”. No pueden contártelo, no hay palabras, es pura experiencia.

Es decir, no puede existir meditación si no hay atención plena. La meditación es pura atención plena, y ésta, la llave de la consciencia.

Al nacer como una técnica, elegimos una forma de “práctica”, una forma de meditar. Empezamos por tranquilizar nuestra mente parando nuestro cuerpo, y por eso se suele iniciar la práctica sentado. Parando el cuerpo se da una “indicación” a nuestra mente de “es momento de parar”. Concentrándonos en la respiración ayudamos a fijar nuestra mente dispersa. Y después, ¡imaginación al poder! Muchas personas a lo largo de miles de años han descrito distintas técnicas de meditación, ayudándose de posturas corporales, sonidos, palabras repetidas, visualizaciones, objetos…el fin es el mismo.

Cuando se lleva un tiempo practicando el “voy a meditar”, y se pasa de dedicar un minuto al día, a cinco, o veinte, o una hora, o cuatro, se comprende que toda la vida se puede convertir en una pura meditación. Que en el fondo, lo que estamos desarrollando es nuestra atención plena en cada instante, en cada actividad, desde que abrimos los ojos por la mañana hasta que los cerramos por la noche, sencillamente, y con ello la capacidad de disfrutar de la vida en plenitud.

¿Dónde nace el mindfulness? La realidad es que los millones de practicantes de meditación a lo largo de milenios, solían pasar un periodo de aprendizaje (o toda una vida) en monasterios (taoístas, budistas, cristianos, ashrams, sufíes). Era la única manera, por el modo de vida de la humanidad, de acceder a esa experiencia. Y, hoy en día en nuestra sociedad, el asociar cualquier práctica con religión, esoterismo o simplemente espiritualidad, echa para atrás a muchos posibles beneficiarios.

El mérito del médico americano que difundió el término y la práctica de mindfulness desde finales de los 70, tras una experiencia personal de aprendizaje en el budismo, radica, según mi punto de vista, en haber conseguido acercar a más personas de occidente los beneficios innegables de la atención plena. Estos beneficios se disfrutan a corto plazo, antes de alcanzar un determinado estado de consciencia imposible de definir. Muchos médicos en hospitales de oriente (y occidente) utilizaban ya técnicas meditativas, pero él supo difundirlas y hacerlas accesibles con gran eficacia. Y el mérito de los científicos, desde la neurociencia y otras ramas, es el de ser capaces de medir y plasmar en imágenes lo que tantas personas durante miles de años han experimentado en sus cuerpos, en sus relaciones, es decir, en su salud física, mental y emocional.

¿Quieres llamarlo mindfulness? ¿Te suena cool? Yo intento escoger términos en castellano cuando hablo en castellano e ingleses cuando hablo en inglés, aunque sin duda el lenguaje cambia, acoge anglicismos constantemente, y éste parece que llegó para quedarse.

¿Necesitas un soporte científico antes de comprobar los beneficios y empezar a experimentar? He dedicado parte de mi carrera profesional a la investigación científica, y no he necesitado ver ningún escáner cerebral o estadísticas para hacerme consciente de los beneficios que esta práctica ha traído a mi vida. No obstante, te confieso que me divierte observar el esfuerzo y el ingenio de colegas científicos por medir lo mesurable…y lo inconmensurable.

Que las palabras o los enfoques no nos separen. Escoge tu camino, tu escuela, tus ropajes, tus maestros. Al final, la atención plena, la paciencia, la determinación, la humildad, nos harán encontrarnos en el mismo lugar. Disfrutemos de él.

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