De cine

Las sobremesas del fin de semana parece que invitan a dormirse viendo una película. ¿Qué ponen hoy?

Ah, pero esta no es para domirse: “La leyenda de Bagger Vance”. ¿Recuerdas? Concurso de golf en Savanah en los años 30, organizado por Charlize Theron. Matt Damon trata de ganar o, por lo menos, de encontrar el valor para participar, Will Smith le hace de caddy.

Buenos actores. Muy cuidada ambientación. Dirección de Robert Redford.

¿Te gustó? A mi mucho.

Mientras la disfrutaba de nuevo, me ha hecho reflexionar. Esta vez, no sobre la profundidad del mensaje transmitido por el personaje de Will Smith, y que pongo de ejemplo en alguno de mis cursos.  Pensaba en lo oscura que es la profesión de guionista. En este caso, se trata del guion adaptado de una novela. Da igual. ¿Cuántos nombres de guionistas conoces? Yo ninguno.

Sin duda, una película es un trabajo de equipo. Una gran película se construye sobre grandes trabajos individuales de muchos profesionales. Con suerte, si no somos apasionados cinéfilos, recordamos actores y, tal vez director. Pero aunque actores mediocres pueden cargarse los mejores diálogos, poco puede hacer un buen actor con un pobre material, con una mala historia, con un mal guion.

La labor de guionista queda en la sombra y, sin embargo, sobre su texto se construye todo el entramado que culmina en ese film que nos transforma y recordamos, porque nos hizo reír, soñar, pensar, relajar, emocionarnos, abrir la mente a otras realidades.

He pensado entonces en todas esas personas que, de forma sutil, ayudan a cimentar la vida de todo aquél que se cruza en su camino. Con su ejemplo, su ecuanimidad, su valentía, su determinación, su paciencia, o una simple sonrisa, hacen que nuestra actuación en nuestra propia película sea más vibrante, más rica, más verdad. Vemos el guion que se escriben para sí mismos, y nos invitan a reescribir nuestro propio guion. A algunos les tenemos muy cerca, en nuestra propia familia o círculo de amigos. Otros se cruzan brevemente en nuestro día a día.

Creo que voy a empezar a mirar en los títulos de crédito (eso que cortan a menudo en la tele) el nombre de los guionistas. Y a descubrir con más detenimiento qué personas me rodean cuyo guion da más fuerza al mío. Quizás les guste oír la palabra “gracias”.

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