El mejor momento para meditar

Cuando has comenzado a experimentar la práctica “formal” de la atención plena y tratas de elegir el mejor momento para meditar, puede ser que te preguntes si existe algún momento del día en el que esa práctica sea mejor, (en la interpretación que le quieras dar al término “mejor”).

Muchas tradiciones, de oriente y occidente, hablan de la extraordinaria experiencia que supone la práctica hacia las 4 ó las 5 de la madrugada. Tal vez un poco más tarde, en el momento del amanecer. Te invito a que, en la medida de lo posible, pruebes qué descubres a distintas horas del día o la noche, cómo el horario, la luz, el sonido de alrededor le afecta a tu cuerpo, a tu mente, a tus emociones. Que estés atento a si en alguna franja horaria sientes mayores beneficios o no.

La realidad es que muchas personas cuando se inician en la práctica formal de la meditación, tienen ya horarios muy definidos, múltiples actividades programadas, obligaciones, trabajos, niños, y su franja horaria en los primeros momentos se restringe a lo que sienten que pueden, sin grandes márgenes de elección. No hay problema: empieza cuando sientas que puedas, y poco a poco los momentos disponibles se irán expandiendo.

Mi propuesta aquí es un poco diferente. No importa a qué te dediques (aunque seas presidente CEO director general del universo) ni cuál sea tu sensibilidad o tus biorritmos. Hay un momento mágico del día en el que TODOS podemos disfrutar de unos minutos de meditación con el mínimo esfuerzo: y es cuando, finalmente, nos metemos en la cama. Suena fácil ¿no?

Comienza por extender el cuerpo y sentirlo completamente relajado. Puedes hacer un escáner corporal de pies a cabeza, observando cómo cada músculo cae y pesa cada vez más. El cuerpo expresa lo que tenemos en la mente. Si está tenso, nuestra mente también lo está.

Toma consciencia de tu respiración. Si te sientes estresado, utilízala como puente entre el cuerpo y los pensamientos. Relaja su ritmo sin forzar, hazla más serena con cada inspiración y espiración: los pensamientos se calman, y descansa el cuerpo. O siente tu cuerpo cómo va quedando pesado, tu respiración se hará más pausada y se hará vacío en tu mente. Los tres elementos están siempre unidos, van de la mano.

Y con ese silencio de la mente, escucha y acepta. Lo que venga. El tráfico en la calle, los vecinos y su programa de TV, los crujidos del edificio, los grillos o el silencio absoluto.

En ese estado de plena consciencia, poco a poco, entra en el sueño. Será el más reparador que pueda existir. ¿Lo pruebas?

COMPARTE ESTA REFLEXIÓN:

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email