Ego III – La lucha sólo trae más lucha

Cuando descubrimos nuestro ego, cuando lo escuchamos por primera vez o lo vemos en nuestras acciones, muchas veces se inicia un proceso de lucha.

Sentimos vergüenza de nuestros pensamientos, de la realidad que proyectamos y de la que por primera vez nos hacemos conscientes. Queremos salir de esa realidad incómoda a todo precio. E iniciamos una búsqueda constante: “a ver, eso que dije ¿era mi ego o mi ser?” “uhm, yo aquí no veo mi ego ¿lo verán los demás?” que termina en un combate, en la determinación hacia la batalla: “al ego hay que destruirlo, superarlo, aplastarlo, humillarlo”.

Lamento defraudarte: sí, tú ego está ahí, en cada batalla. Si hay lucha… no estás. A esa lucha también le llamamos ego. ¿Quién se avergüenza? ¿Quién tiene que ser un poco mejor cada día, desde mañana? ¿Quién no acepta el momento presente? Tu ego.

Acostúmbrate, es tu compañero de viaje. De la misma manera que tu mental te ayuda eficazmente en la supervivencia y te destruye al mismo tiempo, tu ego sólo es una proyección de tu mental. Su observación puede ser una herramienta muy valiosa. Obsérvalo sin juicios, sin emociones, sólo obsérvalo. Y entonces descubre la magia. ¿Quién observa? Hazlo en silencio, mira la obra de teatro. El personaje que se creó. Y como toda obra de teatro, naturalmente llega su final, se cierra el telón. Cuando te levantas de la butaca, el personaje se queda en el teatro, desaparece de tu vida. Salvo que elijas ver una y otra vez la misma obra…

COMPARTE ESTA REFLEXIÓN:

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email