Mentiras repetidas muchas veces…

Mentiras repetidas muchas veces…

…pues no, no se convierten necesariamente en realidad.

Me explico.

Uno de los beneficios de formar a los niños en el colegio sobre ciencia, despertarles su curiosidad por el mundo que les rodea, invitarles a experimentar, y enseñarles a transmitir los resultados de su investigación, consiste en que serán adultos a los que resultará mucho más difícil engañar, ya sea con la publicidad, en cuestiones de salud pública, o cuando intenten profundizar en un tema escuchando a un experto.

No obstante, con el paso de los años, parece que se nos va olvidando lo aprendido.

¿Dónde quiero llegar?

Asisto de forma presencial o virtual, por placer y por deber, a muchas conferencias, y leo muchos libros. No deja de sorprenderme cómo se repiten machaconamente “verdades”, “dogmas de fe”, que no lo son ni para sus autores originales.

Pongo un caso: el famoso estudio del psicólogo Albert Mehrabian sobre lenguaje no verbal. Sí, el que aparece resumido con quesitos en las imágenes de google en cuanto pones estas tres palabras clave. Sí, ese que, según algunas personas, afirma que la comunicación no verbal supone el 93% de nuestra comunicación. Ni 94 ni 92.

Es decir que, aplicado a rajatabla, las palabras que pronunciamos (lenguaje verbal) prácticamente no tienen ningún valor para comunicarnos (7%) frente al 93% restante, que recae en el lenguaje corporal (gestos, posturas, expresiones faciales) (55%) y el lenguaje paraverbal o uso de la voz (entonación, timbre, tono)  (38%). Hay quien llama a esta falacia “la regla 7%-55%-38% de la comunicación”. Y se queda tan ancho.

A cualquier interesado sobre las claves de la comunicación humana que escuchara esto, debería de resultarle un porcentaje sorprendente, pues aceptarlo implica asumir entre otras cosas que:

  • cuando leemos entendemos sólo el 7% de lo expresado: sólo son palabras, sin gestos ni sonoridad.
  • comprender un idioma desconocido resulta sencillísimo, ya que las palabras apenas tienen peso en la comunicación. (¿Para qué los subtítulos en una película?)

No he tenido la ocasión de conocer personalmente al doctor Mehrabian, que por una parte debe de estar encantado de que su nombre se haya hecho tan popular en el ámbito de la comunicación humana, y por otro se debería de llevar las manos a la cabeza al ver que un estudio suyo…

  • enfocado en la observación de un aspecto muy puntual de la comunicación: la comunicación de emociones y sentimientos, definidos sólo como positivos o negativos (sin matices), mediante la transmisión de una sola palabra (sin contexto), y preguntando sobre la incongruencia entre el significado de la palabra y lo que se percibía por el tono de voz o los gestos faciales (sólo una parte de la comunicación no verbal)
  • realizado con una muestra de individuos muy pequeña
  • informado previamente a los sujetos del estudio de su propósito

… algunas personas lo pregonan casi como si fuera una ley fundamental del universo, desvirtuando por completo su contexto y validez. ¡A pesar de que el mismo autor insiste en recalcar sus limitaciones!

Estoy convencida de que no hay mala intención en ello, por supuesto. Es cierto que pocas veces tenemos tiempo para comprobar la veracidad de todas las informaciones que nos bombardean, o incluso los medios para acceder a los artículos de investigación originales.

Pero te invito a que, cuando transmitas datos con apariencia científica, seas cauto (desde las bondades de comer mandarinas a los orígenes de un virus), y no divulgues algo que no te merezca confianza, analizando, para empezar, la fuente de la información. Siempre, siempre, poniendo por delante la mezcla de humildad y sentido común que evita tantos problemas, manteniendo la mente abierta y crítica a la vez.

Y ante la duda, en la era de los bulos…mejor quedar en silencio.

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