Ni se te ocurra salir de tu zona de confort

Es otra expresión de moda ¡Sal de tu zona de confort! ¡¡Sal de tu zona de confort!! La intención de quien lo dice probablemente es buena, ahora bien, me gustaría invitarte a que lo vieras desde otro punto de vista.

¿Qué entiendes por tu zona de confort?

Echa un vistazo a tus últimas decisiones. De las más sencillas a las más complicadas.

¿Estabas a gusto en la cama esta mañana? Probablemente mucho. Si te cansaste de estar tumbado, te entró hambre, o uno de tus hijos empezó a llorar, te levantas. Piénsalo: si sonó el despertador para ir a trabajar cuando andabas en el mejor sueño y juras en arameo, pero te levantas…es porque el mal rato que ibas a pasar llegando tarde al trabajo no compensa con el placer de quedarte en la cama. ¿Adivinas por dónde voy?

¿Has empezado a hacer abdominales para bajar esa barriguita? Heroica decisión. Ahora bien, si te sientes muy satisfecho por haber salido de tu zona de confort, lamento defraudarte. Simplemente, el malestar que sentías viéndola, de repente es mayor que el placer que imaginas sentir quitándotela, y compensa el malestar menor de ponerte a sudar.

Sigue analizando así tus decisiones. Honestamente, nadie te escucha.

¿Asumes una nueva responsabilidad laboral que en principio no te apetecía nada? Puede haber distintos motivos, desde el miedo al dolor de perder el puesto de trabajo si no das un paso adelante, a haber recapacitado y darte cuenta del lado positivo de tener nuevos aprendizajes, compañeros, salario, o …lo que sea.

Pero no has salido de tu zona de confort. Has trasladado tu zona de confort, quizás en el mejor de los casos, ampliándola.

Observa a fondo tus motivaciones cuando hablas, cuando actúas. Vas de una zona de confort a otra, solo que a veces esa zona de confort ¡es tan estrecha! ¡Cuánta gente tiene tanto miedo de perder su pequeño confort actual que no intenta explorar todo lo que la vida tiene por ofrecerle!

¿Ves el cambio de perspectiva? No tienes que forzarte en salir de ninguna parte. Sólo darte la oportunidad de llevar la mirada un poco más lejos, de escuchar tu instinto y permitirte evolucionar.

Cuando imagino a un ser humano feliz, está en su zona de confort. De satisfacción con su momento presente. El que sea. De estabilidad, cambio, búsqueda, el que sea. Consciente de la responsabilidad de asumir las consecuencias de sus decisiones y sus palabras. Y disfrutando por ello.

Un ser humano auténticamente feliz vive en una zona de confort tan amplia que abarca el universo…porque la ha encontrado en su interior.

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