No le expliques a un ciego de nacimiento lo que es el color azul

Ni verde, ni rosa, ni amarillo. La percepción de los colores es una experiencia. Se puede hablar de ella, racionalizarla, explicando por ejemplo las distintas longitudes de onda que componen el espectro electromagnético. Pero eso no dará una idea de lo que es el arco iris a quien no pueda (o quiera) mirar y ver.

Algo parecido ocurre con la meditación y la atención plena. Hay personas que se acercan al final de una conferencia para decirte algo así como “comprendo lo de la meditación, pero conmigo no funciona”. Ese es el tema. No importa cuántos libros hayas leído, a cuantas charlas hayas asistido, cuantos podcasts hayas escuchado. Nuestra mente no tiene nada que comprender aquí. Esto es una experiencia, mucho más parecida a la práctica de un deporte que a la preparación de un examen de química.

Me recuerda a las personas que saben mucho de futbol y no han dado una patada a un balón en su vida. O que son una enciclopedia sobre aviación y no han sentido la potencia de sentarse en el asiento del piloto y hacer despegar un avión. O que se compran la mejor equipación de gimnasia para tenerla doblada en el armario.

Cualquiera de estas actividades puede proporcionarnos mucho placer, sin duda. Algunas de ellas pueden ser sucedáneos cuando nuestra condición física o nuestra economía no nos permiten ir un paso más allá. Ahora bien, en todas ellas hay otro nivel que se llama EXPERIENCIA. Y no existe nada comparado con ello.

Por ello, te invito a que, sencillamente, elijas tu momento de práctica y practiques. La gran ventaja es que no necesitas NADA. Nada que comprar, ningún accesorio, ninguna música, ninguna persona.

Y es cierto que puedes aprender un montón de técnicas distintas, ayudarte de mandalas, sonidos de cuencos, “mi zafú”, recordar las palabras de “mi maestro”…los anclajes pueden ser infinitos.

Lo más divertido es que no necesitas NADA porque todo está aquí, en este instante. Sencillamente, observa lo que hay. Sin ponerle etiquetas, sin juzgar. Déjalo venir y pasar. Pensamientos, emociones, lo que sea. Regálate un poco de paciencia. Y estarás realizando la mejor práctica del universo.

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