He pasado más de 20 años de vida profesional trabajando en empresas privadas. La mayoría, en una empresa multinacional americana, que cumple todos los estereotipos al respecto. Beneficios prefijados para fin de año, que hay que cumplir cueste lo que cueste. Máxima productividad en cada puesto de trabajo, cueste lo que cueste. Cuando hablo de estrés, no lo hago de oídas.

De hecho, uno de los motivos que me impulsó a explorar el camino de la meditación fue la necesidad de encontrar ayuda para seguir adelante en un ambiente como el descrito, combinando cumplir objetivos de la dirección, con poder crear un clima de trabajo sano a mi alrededor, y una vida personal equilibrada en medio de los constantes tsunamis empresariales y el miedo al despido.

¿Cuál es tu imagen de una persona productiva? Para muchas empresas sigue siendo sinónimo de una persona estresada. Quizás para ti también. Si no vas corriendo de aquí para allá, si no tienes mala cara que refleje tu agotamiento, si no dices en cada conversación lo desbordado que te sientes (acabando a veces con esa media sonrisa previa al “como todos”) es que no estás dando lo suficiente de ti.

El patrón va cambiando. Grandes multinacionales como Google, y poco a poco muchas más, se han dado cuenta de que la auténtica productividad, la que va unida a tener la visión de un propósito todavía más transcendente que el beneficio a corto plazo, sólo pasa por una plantilla sana en todos los aspectos: físico, mental y emocional.

Bien sea desde programas dentro de la propia empresa o a título personal, el aprender inicialmente en qué consiste la atención plena (mindfulness si lo prefieres) y entrenarte en la práctica cotidiana de la meditación es uno de los mayores regalos que te puedes hacer para ser realmente productivo.

  • Gran parte del tiempo improductivo se asienta en una mente improductiva. El primer paso hacia una mejor gestión del tiempo consiste en hacerte consciente de tus pensamientos, para aprender a aceptarlos y, en su caso, transformarlos. Así, nos focalizamos cada vez más en lo realmente importante.
  • Nuestro estrés genera emociones desbordadas que nos hacen estallar con la persona menos adecuada en el momento menos afortunado. Por centrarnos sólo en la productividad, esto implica después dedicar un tiempo precioso a corregir el lío que unas pocas palabras ha generado (y que se podría haber evitado desde un estado de atención consciente).
  • Ser productivos se asocia en determinados momentos a ser creativos. Esa sensación “de fluir” para crear está ligada necesariamente a un estado cerebral de serenidad.
  • Para ser productivos tenemos que disfrutar de buena salud. Esta es una obviedad que muchas personas ignoran, poniendo parches en forma de medicación o adicciones a sus achaques (los disimulan durante sus horas de trabajo), obligando a sus cuerpos a una sobrexplotación que suele estallar en la enfermedad, a veces en el momento laboral más inoportuno.

¿No trabajas en una multinacional? Estoy segura de que en la “empresa” que es tu vida has encontrado momentos en los que te gustaría tener una mayor productividad, definiendo con más claridad tus objetivos para poder alcanzarlos de la forma más eficiente posible, empleando menos tiempo y energía. El patrón es el mismo. Y la ayuda que te presta el adentrarte en la práctica de la meditación, igual de valiosa.

Para acabar permíteme una idea más: aumentar nuestra productividad de forma sana y consciente es algo fantástico. El inicio hacia una vida más plena, algo muy visible y práctico.  Ahora bien, el recorrido que tiene el entrenar nuestra mente y profundizar en la práctica de la meditación es mucho más profundo que un mero ejercicio de relajación destinado a sentirte bien y ser capaz de hacer más cosas. ¿Te atreves a explorarlo a fondo?

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