Vuélvete abuelo por un rato

Sería curioso preguntar cuál es la primera imagen que te ha venido a la mente al leer la frase anterior. ¿Qué es lo que asocias con ser abuelo?

Distintas personas tendrán visiones muy diferentes, en función de sus experiencias. ¡Y de su edad!

Quizás te venga la imagen de la felicidad de no tener que trabajar (si vives ahora tu trabajo como una carga), o al contrario, la imagen del desconcierto ante el no saber qué hacer con tantas horas en el día. Tal vez se te encoja el corazón al imaginar enfermedad y achaques o, por el contrario, tal vez esboces una sonrisa pensando en el tiempo que se puede tener de cuidar de uno mismo. Muchas personas verán, por supuesto, nietos. Nietos dulces, nietos revoltosos, nietos a los que enseñar, nietos a los que aguantar. Mismo mensaje, un montón de interpretaciones distintas.

La invitación que te hago consiste en lo siguiente: acabo de abrir un meme con la típica pareja de “abuelos” (nos terminan poniendo este nombre hayamos engendrado o no), sentados en un banco viendo la vida pasar. También los hay de abuelas, aunque menos. Pues, independientemente de tu edad, sexo o condición, te invito a que hagas eso exactamente. Nada.

Nada productivo, nada intencionado salvo la intención de no hacer nada. O quizás puedas darle una pequeña intención: observar, escuchar, percibir…y nada más. Sin recuerdos, sin preguntas, sin juicios, sin avanzar lo que va a pasar después.

Siguiendo con la propuesta inicial, puedes escoger sentarte en un banco frente a una obra. También vale uno de un parque, el que está debajo de la marquesina del autobús mientras lo esperas, un asiento del metro, incluso la silla de tu casa. También puedes decidir si experimentas por un minuto, diez, o toda la mañana.

Si te parece demasiado difícil (para muchas personas lo es), empieza por concentrarte en un solo sentido: lo que ves, lo que oyes, lo que hueles, a tu gusto. O, para empezar a no hacer nada, pero de verdad, la llave más sencilla es, por supuesto, dirigir la atención a nuestra respiración. Sentirnos inspirar y espirar. Inspirar y espirar.

A partir de ahí, en ese punto, nada más se puede decir. Sólo se me ocurre acabar con un ¡disfruta!

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